Elena Álvarez
Elena Álvarez es Portaveu Nacional en Avalot, organización juvenil de UGT-Catalunya
 No engañamos a nadie si afirmamos que las jóvenes estamos siendo, una vez más, las grandes olvidadas de esta crisis. No solo formamos parte de los sectores laborales más precarizados sino que nos vemos obligados obligadas a compartir pisos diminutos debido a la imposibilidad de emanciparnos en otras circunstancias.

“Llevamos meses sufriendo la estigmatización por parte de la sociedad y de los medios de comunicación”

A pesar de esto, la realidad es que durante este tiempo nadie se ha preocupado de nosotras ni de nuestra situación, más bien al contrario: cada vez que se nos nombra, es para acusarnos y criminalizarnos. Que si somos irresponsables, que si no estamos concienciadas, que si somos insolidarias… Llevamos meses sufriendo la estigmatización por parte de la sociedad y de los medios de comunicación, que magnifican constantemente los casos de contagios entre jóvenes cuando la realidad es que la mayoría de expertas coinciden en que los contagios se dan mayoritariamente en reuniones familiares y espacios laborales.

Las jóvenes

Las jóvenes nos hemos convertido una vez más, en un objetivo fácil al cual señalar y maltratar, especialmente desde que se relajó el confinamiento estricto y comenzaron los rebrotes. Aunque seamos precisamente nosotras quienes estemos en la primera línea de fuego (tenemos menos riesgo) y quienes más hemos puesto en marcha iniciativas y proyectos para paliar los efectos de la COVID-19.

Desgraciadamente, estamos acostumbradas. No es la primera vez que se nos criminaliza y estigmatiza, llevamos toda la vida escuchando que somos la generación perdida o sufriendo apelativos como “ni-ni”, como si la imposibilidad de trabajar o estudiar fuera una elección. Estamos hartas de que solo se acuerden de nosotras para hablar de fracaso, irresponsabilidad o violencia. ¿Por qué no hablan de la situación que estamos sufriendo? La respuesta a esto es el adultocentrismo.

Adultocentrismo

Vivimos en un sistema adultocentrista que se encarga de discriminarnos, subordinarnos y relegarnos a un segundo -o tercer- plano simplemente por nuestra edad. El adultocentrismo es el sistema de opresión en el que las personas adultas y sus necesidades dominan sobre las jóvenes y, además, toman decisiones sobre nosotras pero sin nosotras.

Somos nosotras quienes más estamos sufriendo (y sufriremos) las consecuencias de la crisis económica derivada de la pandèmia, mientras que aún arrastramos los efectos de la crisis de 2008. La precarización de las jóvenes no es nueva. De hecho antes de la pandemia ya triplicábamos el número de contratos temporales respecto al resto de la población y sufríamos unas tasas de parcialidad involuntaria que nos impedían la emancipación y una vida digna. Si a esto le súmanos la sobrecualificación, apaga y vámonos.

“Somos el colectivo con mayor riesgo de sufrir pobreza y exclusión social”

En la actualidad, y a consecuencia de la pandemia, nos encontramos con que somos el colectivo con mayor riesgo de sufrir pobreza y exclusión social. En España el empleo de las jóvenes se concentra en pocos sectores económicos de actividad, siendo la hostelería y el comercio los más representativos. Ambos sectores, especialmente el de la hostelería, son los principales castigados por la pandemia. El paro juvenil representa més del 22% del total del desempleo y el paro entre las menores de 25 años ha aumentado un 47%[1] respecto al año anterior, todo eso sin contabilizar las afectaciones por ERTE.

Enmancipación

Estos datos hacen imposible nuestra emancipación y, por si fuera poco, a pesar de sufrir tasas de paro altísimas, nos encontramos con que la gran mayoría de las jóvenes estamos completamente desprotegidas. No contamos con protecciones específicas al desempleo y ni siquiera podemos acceder a ciertas ayudas como el Ingreso Mínimo Vital, que excluye a las menores de 23 años.

Caso aparte son las becarias, que no solo se encuentran totalmente desamparadas y al margen de la legislación laboral, sino que bajo la figura de la trabajadora en prácticas y sin contrato realizan trabajos estructurales en unas condiciones extremadamente precarias. Y por si fuera poco ahora se están viendo en la imposibilidad de poder acabar sus estudios porque las empresas han suspendido los convenios que tienen con algunas universidades.

Somos las grandes olvidadas en una crisis que está precarizando aún más nuestras vidas. Y desde el sindicalismo juvenil no lo podemos permitir ni vamos a permitirlo. Es más necesario que nunca que las jóvenes nos organicemos y defendamos la dignidad laboral y el empoderamiento juvenil. Desde Avalot queremos acompañarte y que nos acompañes en tus luchas diarias, que también son las nuestras. Es la mejor manera de hacernos fuertes.