Fran Díaz
Fran Díaz es Senador de designación autonómica por Castilla y León
 España es un país que históricamente ha sufrido cifras inaceptables de desempleo, lo que se hace mucho más doloroso e insoportable cuando nos centramos en las cifras que afectan al desempleo juvenil.

“Nuestra generación, que ha nacido en democracia y ha disfrutado en plenitud de la misma”

Partimos de la complejidad de un problema estructural de nuestra economía que no ha logrado, a pesar de haber existido épocas de interesantes avances, dar cabida de forma digna en el mercado laboral a la generación mejor preparada que nuestra historia. Nuestra generación, que ha nacido en democracia y ha disfrutado en plenitud de la misma, que ha podido, a diferencia de lo que ocurrió con nuestros padres y abuelos, acceder a estudios superiores independientemente de factores como el nivel de renta ha chocado sin embargo de forma sistemática contra un muro que el COVID no ha hecho más que engrandecer.

Desempleo juvenil

Más allá de eslogánes, es necesario ofrecer propuestas viables, factibles y creíbles que den un horizonte de esperanza a la juventud de un país que sufrió de forma despiadada la crisis financiera de 2008 y que, cuando parecía que había un atisbo de recuperación, se da de bruces con un panorama marcado por la incertidumbre que una pandemia mundial ha provocado en nuestras vidas. Y desde la política, desde las instituciones, tenemos mucho que decir, muy especialmente los jóvenes que tenemos el enorme privilegio de representar a la ciudadanía en las instituciones.

“Desde la política, desde las instituciones, tenemos mucho que decir, muy especialmente los jóvenes” 

Esa política no debe nunca más asumir el camino de la resignación y el derrotismo como único modelo para enfrentar el paro juvenil. Ya lo sufrimos cuando la ministra de empleo del último gobierno del PP apelaba al espíritu aventurero de la juventud a la hora de buscar su futuro lejos de España. Ya lo sufrimos en algunas CCAA como la mía, que se desangra demográficamente de forma cruel año tras año ante la desidía e indolencia de quienes gobiernan los destinos de Castilla y León desde hace casi treinta y cuatro años, lleven collar azul o naranja. La política, la buena política, la política con mayúsculas que esperan miles de jóvenes que viven estos días con preocupación, con expectación y con incertidumbre requiere de ambición, de presupuesto y, en definitiva, de voluntad política.

La realidad del desempleo

La realidad es tremenda: según el informe “Juventud en riesgo: análisis de las consecuencias socioeconómicas de la COVID-19 sobre la población joven de España” que elabora el CJE tan solo el 33,5% de los jóvenes de entre 16 y 29 años estaban dados de alta en el mercado laboral tras el confinamiento de marzo de 2020. Todo esfuerzo que se pida a nuestros gobernantes es poco teniendo en cuenta las circunstancias. Sin embargo este Gobierno ha dado muestras de querer coger el toro por los cuernos y lo ha demostrado donde las buenas voluntades se plasman en realidades: en el BOE.

“Se hace más necesario que nunca apostar por la derogación de los aspectos más lesivos de la reforma laboral” 

Los PGE contemplan, entre otras muchas cuestiones, un aumento de la partida de Políticas Activas de Empleo del 37%, con un total de 6482 Millones de euros, así como el establecimiento de un Plan de Choque para el Empleo Juvenil con 663 Millones. Se hace más necesario que nunca apostar por la derogación de los aspectos más lesivos de la reforma laboral y aumentar el control sobre determinados sectores laborales incipientes como los riders que, como todos sabemos, generan situaciones laboralmente insostenibles. Sin duda un empleo digno y estable sería la mejor ayuda posible para una juventud que actualmente se emancipa a una edad media insportable ¡29 años!

Fondos europeos

De forma paralela a las políticas presuestarias, a los cambios legislativos en materia laboral que estimulen el empleo digno entre los jóvenes, tenemos una enorme oportunidad con los fondos europeos extraordinarios que vamos a comenzar a gestionar este año. De su buena gestión, del acierto que desde la política tengamos en su utilización dependerá la necesaria transformación de la estructura económica de un país que no puede ni debe conformarse con un modelo productivo basado en la precaridad y en el cortoplacismo.

Ingente tarea sin duda para este 2021 si queremos que esta pandemia sea recordada también como un punto de inflexión, como una situación que permitió el paso de un tren que sirvió para cambiar nuestro futuro como jóvenes, nuestro futuro como país.