FJ Rebollero
Redactor jefe de Ahora Diario.

Caminé por Chueca pese a la lluvia, en busca de una librería que me diese cobijo y lectura suficiente como para sobrepasar un escenario que cada vez más gente, docta y no docta en la materia, pronosticaba. Entre página y página, cigarro mediante, entré, como era costumbre, en Berkana. Y allí, en el apartado de literatura masculina, me encontré de bruces con un libro que tiempo antes me había recomendado Mili y que, desde ese primer instante, se convirtió en un candidato perfecto para los primeros días de confinamiento.

Abrazos rotos

Seis libros después, un par de abrazos rotos y el deseo, convencido, de que nos veríamos no pasando mucho tiempo, me despedí de la librera para caminar hacia mi casa en el que sería el último paseo antes de ser confinados durante más de dos meses y medio. Llovía por Alonso Martínez, tenía más de cuarenta minutos de camino hasta casa, ganas incontrolables de leer y un miedo inconfeso a subirme al metro. Tomé un taxi y en menos de diez minutos estaba en casa; cinco minutos después, tumbado en mi sofá enfrascado en la lectura.Lo que te pertenece

Dos horas exactas tardó en sonar el timbre; era un cartero comercial ¿por la tarde? Abrí de mala gana, subí el volumen de la música y continué con la que sin duda se ha convertido en una de las novelas que más he recomendado en los últimos meses.

Carácter

Con un carácter intimísimo, Greenweell elabora un relato a modo de diario personal en el que destaca no solo cómo juega con las emociones, hasta el punto de que el lector puede asimilar e incluso reconocerlas en su propia biografía, sino también el tono descriptivo con el que trata a los espacios en los que dibuja una historia contada a una voz, pero vivida de manera conjunta entre varios de los personajes que pasean por las páginas de esta obra maestra de la literatura.

Escribe un texto en el que no vacila; con la dosis exacta de realidad y realismo, con velocidad vertiginosa en algunos de los pasajes; en la que refleja las emociones propias de una persona que ha decidido abandonar su lugar de procedencia para empezar una vida nueva en un lugar a miles de kilómetros marcada, más que le pese, por las reminiscencias de un pasado apoteósico e insostenible emocionalmente. Una novela en la que se muestra n las diferentes fases de aceptación por las que transitan las personas LGTBI cuando comprenden cuál es el motivo por el que toda la vida han sufrido las desidias de una sociedad que no respeta la realidad de la diversidad.

A tres tiempos

La trama se divide en tres espacios; en primer lugar, la historia del personaje principal, al que Greenweel ha decidido no ponerle nombre, y Mikto. Define las realidades del deseo y la opresión del deseo sexual, trabajando con la necesidad de esconder qué se siente y cómo. Expresa también como viven las personas LGTBI en un país, Bulgaria, en el que las relaciones entre personas del mismo sexo no están aceptadas ni social ni legalmente. Nos habla también en este primer espacio de la realidad de la pobreza y la marginalidad. Mikto es un chico joven, atractivo y que por poco dinero ofrece servicios sexuales en una estación de trenes, se topa con el principal de esta novela y forja con él una relación que perdura hasta el final de la historia.

Autopercepción

En el segundo espacio, se hace visible la autopercepción de la orientación sexual en un adolescente homosexual. Empieza este apartado con una reminiscencia del pasado del actor principal: la llamada de un padre del que no sabe nada desde que le reveló su orientación sexual cuando aún era un adolescente. Expresa las dudas, las incoherencias, la rivalidad interna, el primer amor y la aparición del deseo como fuente inabarcable que define cada uno de los pasos de un chico que nace, vive y sale de una familia que no acepta, bien por creencias religiosas o por miedos internos, que existe la homosexualidad.  Una familia desestructurada a la que vuelve en todo momento introduciendo a distintos personajes relacionados con su infancia en un intento bastante ambicioso de describir la realidad de un padre que ha marcado, para siempre, su vida.

Por último, en el tercer espacio, despojado ya del peso de la figura de un padre que no le ha querido por ser quien es, comienza un nuevo momento vital con la visita de una madre, mitificada, y la vuelta de Mikto a su vida; además de una nueva relación sentimental con un hombre que para el protagonista significa todo lo que él deseó, desde que era pequeño, para su vida. Existe, sin duda, la percepción de la duda: la duda de si su nueva pareja ha venido a su vida para despojar la vida del protagonista de Mikto quien, en un intento absurdo por mantener la relación con el principal, pierde la razón.

Lo que te pertenece de Garth Greenwell

En definitiva, Lo que te pertenece es un libro emocional, parapetado en una reflexión constante del autor que no abre debate sobre las aspiraciones tradicionales de la literatura -como la búsqueda del amor, la felicidad, la comprensión-, sino que mantiene en vilo al lector en un espíritu por hacerle comprender la complejidad de la homosexualidad y sus consecuencias. Un libro que, pese al tono decadente y el lugar en el que se desarrolla, mucho más decadente (incluso) que el registro utilizado, nos muestra con crudeza las reacciones, adversas, del ser humano y nos ayuda a comprender que, pese a todo, la vida sigue adelante. Porque es ese el primer y último mensaje del autor en este texto: la vida sigue.

Quien se sienta tentado a leer a Garth, ha de tener por seguro una cosa: sus palabras no son de lectura fácil. Cada una de sus páginas están imbuidas de una cantidad de sentimientos tal que Lo que te pertenece se convierte en una lectura obligatoria de más de una noche.