Quico Gil
Periodista cultural.
Los cines están en peligro: llevamos un año ya (desde el estreno de The Irishman de Scorsese) viendo grandes estrenos que aparecen en los servicios de streaming, con nula o mínima presencia en las salas. La nueva película de animación de Pixar, Soul, emula este modelo con un lanzamiento exclusivo en Disney+, aunque al menos esta vez viene incluido en la subscripción (en vez de cobrar extra como con el remake de Mulan). La única opción esta vez, por tanto, ha sido juntarse con familia -reducida- el día de Navidad con sofá y manta preparados.

Soul nos pone en los zapatos de Joe (Jamie Foxx), un pianista afroamericano de mediana edad que ha tenido que resignarse a una carrera como profesor de música en colegios en vez de perseguir su sueño de tocar en las mejores bandas de jazz de Nueva York. Todo ello cambia cuando se le presenta la oportunidad de tocar con el cuarteto de la saxofonista Dorothea Williams (Angela Basset) en el Half Note -homenaje al icónico bar neoyorkino Blue Note-. Pero un desafortunado accidente ese mismo día deja a Joe en coma y a su alma atrapada en el limbo entre la vida y la muerte.

La no-vida

Una vez allí, Joe conocerá una infraestructura espiritual que controla la existencia: una figura divina, representada en formas cubistas, educa a todas las nuevas almas para que desarrollen los elementos básicos de su personalidad antes de viajar a la tierra para encontrarse con sus futuros cuerpos en vida. La relación principal que da alas a la trama es con 22 (Tina Fey), un alma que no ha conseguido ‘graduarse’ de esa escuela espiritual, que no consigue encontrar su lugar o una razón para existir, todavía. Aquellas personas que se ofuscan demasiado bajo las presiones y expectativas de sus vidas se convierten en ‘almas perdidas’, oscurecidas y con formas grotescas.

Soul | “The Joys of Life” TV Spot | Pixar - YouTube
Soul representa a la comunidad afroamericana más que ninguna otra cinta de Pixar. Imagen: Disney Pixar

Como en todas las películas de Pixar, el conflicto emocional es mostrado de forma simplificada tanto en su planteamiento como en su eventual solución, pero a diferencia de Coco o Inside Out, que vimos en estos últimos años, Soul no abusa del sentimentalismo para evocar la lagrimilla fácil. Hablamos de un film con un tratamiento más maduro (Pixar no había tenido nunca un ‘prota’ de mediana edad) de su historia, aunque ello pueda venir a coste del público infantil al que a menudo han conseguido captar.

Una producción brillante

Como siempre, en lo técnico hablamos de una película excelente. Según se reveló en entrevistas, han trabajado en ella más de 900 personas con un periodo de producción de cuatro años. Las escenas de conciertos en los bares de jazz son auténticamente espectaculares; los colores y la iluminación fotorealista te transportan allí mismo, y es natural pensar en todas las horas dedicadas por los animadores a ajustar, cuidadosamente, cada movimiento para hacerlo encajar con las notas. Lo cual nos lleva a la banda sonora, compuesta mayoritariamente por Trent Reznor y Atticus Ross, colaboradores en la banda Nine Inch Nails y anteriormente ganadores del Óscar por la banda sonora de La Red Social (2010, David Fincher). Su trabajo en esta película, minimalista y precioso, puede entrar en las papeletas para este año, igual que Mank.

Pixar celebra la vida con 'Soul': menos emoción, mismas carcajadas
“5-6-7-8.” Imagen: Disney Pixar.

Pixar todavía puede hacerlo

Con todo, y sin quereros arruinar la experiencia, Soul me ha parecido la mejor película de Pixar desde Wall-E o Up. A pesar de que la última escena, de haber sido producida fuera de Estados Unidos, no estaría allí por razones morales y temáticas, el mensaje que transmite es digno de ser escuchado por públicos de todas las edades; aunque, como ya he dicho, probablemente ésta gustará más a los adultos que a los peques de la casa.