David Hernández
David Hernández. Periodista político y amante de la cultura.

Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes
de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
Los nombres de todos sus ahogados.

Este fragmento de la ‘Fábula y rueda de tres amigos’, que forma parte del libro ‘Poeta en Nueva York’ de Federico García Lorca, es el famoso poema premonitorio de su autor, con el que se dice que vaticinó su asesinato.

La luna, elemento fundamental, con vida propia, en la obra lorquiana huyó aquella noche. No quiso ser testigo de lo que iba a suceder. Fue una noche sin luna. La madrugada del 18 de agosto de 1936, el genio fue asesinado junto al maestro republicano Dióscoro Galindo González y los banderilleros anarquistas Francisco Galadí Melgar y Joaquín Arcollas Cabezas.

No les encontraron. ¿No les encontraron? No. No les encontraron.

El despropósito de madrugada

Ha habido varios intentos para localizar sus restos. En 2009, se produjo una infructuosa búsqueda, envuelta en una gran polémica. El hispanista y experto en la obra lorquiana Ian Gibson la tachó de despropósito. Pese a sus diversos estudios sobre la muerte del poeta, no se le consultó, obviando así importantes datos sobre la posible localización de la fosa. Hay indicios de que se encuentra muy cerca del famoso olivo del parque de Alfacar, o se encontraba, porque el exvicepresidente de la Diputación Provincial de Granada, Ernesto Molina, dijo que allí se habían encontrado huesos cuando vallaban el parque y los enterraron en otro lugar. Después, en 2009 se negó a hablar y nadie investigó alrededor de este escándalo.

Además, las sobrinas de García Lorca trataron de obstaculizar la búsqueda. Se negaron tajantemente. Sin embargo, no lograron impedir que se iniciara la búsqueda de la fosa en la carretera entre Víznar y Alfacar (Granada), ya que no se le podía negar a Nieves García Catalán, nieta de Dióscoro Galindo, encontrar los restos de su abuelo. Lo que sí lograron fue que el proceso se llevara a cabo con secretismo y opacidad.

Ahora vuelve a ser Nieves, la nieta del maestro republicano, quien ha pedido recurso de Amparo al Tribunal Constitucional para reactivar la búsqueda de los restos de su abuelo. Lo hace tras la negativa de un juzgado de Granada y la Audiencia Provincial a activar la búsqueda.

El maestro republicano

Dióscoro Galindo, nacido en Ciguñuela (Valladolid) el 12 de diciembre de 1877, inició sus estudios de veterinaria en Madrid. Un día, al bajarse de un tranvía, se le enganchó la capa con la que vestía y fue atropellado. Su pierna izquierda quedó atrapada en los raíles y tuvo que ser amputada. Tras el accidente, abandonó la carrera y volvió a Valladolid, donde estudió magisterio, la que sería su verdadera vocación, que pudo ejercerla en la localidad granadina de Pulianas.

El maestro era admirado por las familias progresistas, ya que impartía una educación laica, basada en valores de igualdad, justicia social y libertad. Algo que molestaba tanto a las familias más conservadoras que iniciaron una campaña desprestigio que le llevaría hasta la muerte.

El maestro tenía 58 años cuando fue llevado al Gobierno Civil y trasladado junto a Federico García Lorca a la Colonia de Víznar, convertida en prisión por los fascistas.

Eran las 5 de la madrugada. Las 5 en punto de la madrugada cuando el poeta, el maestro y los banderilleros fueron conducidos al lugar en el que serían fusilados y enterrados.

Verdad, justicia y reparación

Las víctimas merecen dignidad y la histórica demanda de las asociaciones que luchan por la recuperación de la memoria histórica: verdad, justicia y reparación. Es nuestro deber moral como país. Es fundamental buscar las fosas comunes, en campos y cunetas, donde están enterradas aún decenas de miles de víctimas del franquismo para recuperar sus restos, darles digna sepultura y honrar su memoria. Un Estado que presume de democrático, tiene el deber de honrar a quienes fueron asesinadas por defender la libertad y la democracia.

No. No le encontraron. No le encontramos. Pero el mar aún no ha recordado tampoco los nombres de sus ahogados. Queda mucho trabajo por hacer.