Aurelio Romero
Periodista especializado en comunicación corporativa, sociolaboral y política
Cataluña: Votar en el gallinero. La Generalitat de Catalunya ha decidido unilateralmente el retraso ilegal de las elecciones catalanas previstas para el 15 de febrero. Esto no es un anuncio.

No te pierdas  El PNV le pide a Pedro Sánchez un Plan Marshall para Euskadi

Era una convicción según avanzaban las horas, porque algunos involucrados en esos comicios tan esperados y deseados ya los desean menos. Y porque en este tiempo de las verdades infundadas basta decir que todo es blanco, que no hay razones jurídicas que impidan retrasarlas, y casi todos se lo creen. La pereza de pensar es el peor cómplice de la verdad.

La ley, a su antojo

Claro que hay razones políticas en ese aplazamiento sine die que se busca ahora. Especialmente en el caso de Esquerra Republiicana (ERC), que espera crecer, y Ciudadanos, que no quiere desaparecer.

La ley electoral, al antojo de cada cual. Otras leyes son las que han permitido que ERC, coprotagonista en la asonada nacionalista catalana, siga existiendo como tal en beneficio de la buscada convivencia que se quiere restaurar desde que Sánchez gobierna, pese a los ruidos que esas alianzas producen en la derecha toda.

Esa misma mirada amable sobre las leyes permite que ERC haya heredado la presidencia de la Generalitat con más gozo que sonrojo, porque aparentemente no alteraba en nada el orden dentro del gallinero ni su objetivo primordial: un gobierno soberanista de mayoría minoritaria. Y la línea de ese horizonte comienza a difuminarse.

Cataluña: votar en el gallinero

Es importante leer la opinión de quienes con mejor conocimiento del basamento constitucional opinan que existen leyes que impiden la suspensión de elecciones o su aplazamiento una vez convocadas -lo que infringe el derecho institucional al voto´-, que no se puede torpedear ese derecho aunque llamen crisis sanitaria a la causa que arguyen.

De escándalo se califica lo que ocurrió en Galicia y el País Vasco, independientemente de a quién beneficiase el resultado electoral, previsto de antemano. De algunos pucheros salen buenos caldos que nunca se deben beber.

El crisol de la pandemia

Esos dos ejemplos no pueden servir de guía para el gallinero catalán, porque de un escándalo no puede se puede ir a otro impunemente saltándose la norma constitucional, puestos a respetar la Constitución. Ni vale la opinión plañidera de quien ve venir el toro de su derrota electoral en Cataluña, cuando en Galicia y Euskadi se subieron al toro de fuego que habían retrasado con su apoyo, sin pudor político ni jurídico. Y hablo de Inés Arrimadas, que deambula.

¿La pandemia debe marcar el calendario electoral? Más sano -y habló de democracia- hubiera sido adelantar las elecciones catalanas cuando Torra fue destituido usando las leyes que atacaba con su chulería histórica. Ahora, todo hace pensar que algo ha cambiado en la intención de voto desde la aparición de la pandemia y la poca credibilidad de sus responsables políticos en esas Comunidades Autónomas por su gestión. Evidencian su incapacidad para combinar ambas cosas, voto y salud, igual que no han sabido resolver el equilibrio entre economía y pandemia, aunque le echen la culpa de la lenta carrera al galgo que va en cabeza.

Huir de Illa

¿El ministro de Sanidad, Salvador Illa -secretario de Organización del PSC, no lo olvidemos- es la gran esperanza blanca para la crisis sanitaria, social, económica y política de Catalunya? Parte con las mismas dudas que cualquier otro u otra. Pero su nombre ha provocado la huida urgente hacia el retraso electoral ilegal (no alegal) a lomos del coronavirus. Euskadi convocó las elecciones el mes de febrero pasado, con la pandemia extendiéndose por toda España. Retrasar en Galicia fue un órdago a las normas y que Santiago Apóstol lo perdone. Siempre, antes y ahora, retrasar unas elecciones ya convocadas es reconocer la incapacidad para gestionar las responsabilidades públicas, las sanitarias hoy y las jurídicas siempre.

Hay quien dice que aquello, lo de vascos y gallegos, fue un mirar hacia otro lado, y subrayan la necesidad de llegar a un acuerdo político. ¿Entre el gobierno del Estado y la Generalitat? ¿Entre los partidos interesados en ignorar su respeto a la ley?

Ya lo dice el catedrático constitucionalista Javier Pérez Royo: vamos de un escándalo a otro. Catalunya ya es experta en el uso arriesgado de las urnas. Es difícil que esta para los votos al Parlament salga impune del gallinero.