Elena Flores
Elena Flores es filóloga, escritora y activista LGTB

Clamor por lo invisible. Aún recuerdo con pasión mis clases de Ciencias Naturales del colegio. De ellas aprendí que, a pesar del antropocentrismo imperante, la Naturaleza es poderosa y que todo aquello que existe en la Tierra merece un interés y un respeto, aunque no sea perceptible a nuestros ojos.

Más allá de ser el mecanismo para activar la inteligencia medio ambiental, algo que siempre me causó interés de aquellas clases es el por qué el ser humano resulta ser tan diferente al resto de seres que conforman el mundo: “La humanidad escapa de algún modo del reino animal por la capacidad del habla” –decía mi profesor–. Aquella idea me fascinó y por eso me entretengo leyendo cuestiones sobre biolingüística y antropología lingüística años después.

Clamor por lo invisible

De estas pasiones de niñez y lecturas de madurez he sacado en claro que el habla es nuestra esencia, la que nos convierte automáticamente en seres sociales y la que, por ende, hace que estemos insertos dentro de una cultura que nos conforma el pensamiento.

Asumiendo esta realidad se entienden —aunque no se compartan— muchos procesos históricos, sobre todo, el de que las mujeres viviéramos en un ostracismo perpetuo hasta que las reivindicaciones feministas vinieran a alzar la voz y a cambiar gran parte de nuestra cultura, haciéndonos partícipes de esa capacidad de expresarnos con el fin de abolir aquel silencio que nos hacía invisibles.

No obstante, todavía se puede ver que el camino del feminismo es largo y que, a pesar de que sigue en pie la idea de poder modificar la cultura que nos gobierna y darnos voz en los espacios públicos, son muchas las mujeres que no son perceptibles a los ojos de nuestra cultura, no solo por el hecho de ser mujeres, sino porque sobre ellas caen otros superestratos de invisibilidad, ya sea la racialidad, la pobreza, la expresión de género o la sexualidad.

Día de la visibilidad lésbica

Por eso el 26 de abril se conmemora el Día de la visibilidad  lésbica, siendo este un día faro para una gran parte de las mujeres que cada día cogen el micro y alzan la voz. Es el día en el que, más allá de la lucha feminista por recobrar nuestro espacio como la otra mitad de lo humano, se reconoce una parte de esa doble invisibilidad que nos gobierna: la de ser mujer y ser lesbiana.

En días como este resulta maravilloso darse cuenta de que la naturaleza también expande la diversidad dentro del concepto de humanidad y debemos amarla como es, sin prejuicios y sin negaciones.

Sin embargo, a pesar de lo que aprendemos en las aulas, aún hoy nos vemos en la obligación de estar recordando a nuestros niños y niñas interiores el respeto que se debía tener por todo aquello que habita en la Tierra.

Siglo XXI

Vivimos enclaustrados en un pensamiento cultural que nos propone cajones estancos y estigmatiza, en pleno siglo XXI, a aquellas personas que actúan diferente a la heteronorma preconcebida por el mero hecho de no cumplir los patrones de lo que hace más de 3000 años se consideraba natural.

Obviamos la existencia frente a conceptos que nosotros mismos, como seres humanos, hemos creado. por esta razón, nuestra obligación como sociedad es asumir que la Naturaleza hizo posibles otras formas de ser más allá de lo que normativizó el antropocentrismo porque a las mujeres lesbianas nos dio un espacio dentro de su magnitud.

Así pues, nuestro deber como especie es seguir dando luz a las mujeres que, a pesar de tener un espacio dentro de lo público, siguen estigmatizadas por amarse entre ellas.
Ser mujer lesbiana es una forma de vida tan loable como la de cualquier otra persona que habite este mundo. Es un orgullo basado en el saberte libre de amar sin prejuicios, obviando lo que es “lo esperable” para mostrarte como “lo posible”.
De ahí que hoy tengamos que reivindicar esta opción de vida, exigir el derecho a ser y amar libremente tanto en nuestra casa como en la calle y conformarnos como una parte más de la luz que demuestre que nuestra esencia como especie aún tiene la capacidad de convencer y cambiar el mundo.

Hoy cogemos el micro y alzamos la voz, empleamos la palabra para demostrar que somos las valientes que luchan por ser reconocidas y, aunque aún no hayamos conquistado todos nuestros derechos, recordamos que somos humanas, que formamos parte del mundo y, por ello, nos merecemos nuestro respeto. Nuestro clamor.