David Hernández
David Hernández. Periodista político y amante de la cultura.

El sector cultural, una vez más, está siendo uno de los más perjudicados en la crisis económica derivada de la pandemia de la covid-19. Mientras reivindican ayudas para el sector y medidas con las que poder salir adelante, me entristece ver cómo algunos cargos políticos mezclan dos conceptos bien diferentes como son el ocio y la cultura.

El diccionario de la Real Academia Española define la cultura como “conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico” y, también, como “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, e una época, grupo social, etc.” Algo que poco o nada tiene que ver con las cuatro definiciones de ocio: “cesación del trabajo, inacción o total omisión de la actividad”, “tiempo libre de una persona”, “diversión u ocupación reposada, especialmente en obras de ingenio, porque estas se toman regularmente por descanso de otras tareas” y “obras de ingenio que alguien forma en los ratos que le dejan libres sus principales ocupaciones”.

Cultura

Los trabajadores del sector cultural no crean en sus ratos libres, o al menos ése es el objetivo, vivir de su profesión. Esa percepción interesada por parte de algunos sectores conservadores de la cultura como ocio es lo que condena a los empleados del sector a la precariedad laboral y deriva a que gran parte de los empleados del sector se vean obligados a compaginar su oficio con otros trabajos para poder subsistir.

Que la mayoría de la ciudadanía sólo pueda disfrutar de la cultura durante su tiempo libre y ocupe su espacio de ocio disfrutando de creaciones culturales no significa que la cultura sea ocio. ¿Acaso cuando un trabajador decide emprender nuevos estudios superiores, valiéndose de su tiempo libre, para aumentar su capacidad de desarrollo, ya sea laboral o simplemente intelectual, está realizando una actividad de ocio?

Recortes al sector

Cuando una familia se ve inmersa en una situación económicamente crítica, de lo primero que prescinde es de los caprichos y del disfrute, del ocio. Por tanto, a esas personas tampoco les habría de extrañar que, cuando se producen crisis económicas, los Estados recorten en esas mismas partidas presupuestarias. Si conciben la cultura como ocio, estarán de acuerdo ya no sólo con que se recorte, sino también les parecerá correcto que se le aumenten los impuestos. Lo vimos durante el Gobierno de Mariano Rajoy, etapa de tijeretazos al sector cultural en la que, además, se le incrementó el IVA hasta el 21%, ahogándolo y generando una importante destrucción de empleo.

Como ya he señalado, la cultura es una suma de conocimientos que permiten desarrollar el pensamiento crítico de las personas. Y quizá éste sea el principal motivo por el que los sectores más conservadores de nuestra sociedad se empeñan en generar esa confusión entre cultura y ocio, para mantener al sector cultural en una crisis perpetua y crear esa imagen que se esfuerzan por formar y trasladar al conjunto de la sociedad en la que muestran a los artistas como “una panda de vividores subvencionados”. No sólo denuestan así a los trabajadores del sector, sino que, además, invalidan todas sus reivindicaciones.

El derecho a la cultura es un derecho fundamental y así lo contempla la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El artículo 15 del texto recoge el derecho a participar en la vida cultural, la protección, el desarrollo y la difusión de la ciencia y la cultura.

Por tanto, en el momento en el que se se recorta en cultura, se recorta en derechos básicos. En el momento en el que se nos está negando acceder a la cultura, se nos está negando un derecho fundamental. No lo digo yo, lo dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y precisamente el derecho a la cultura es uno de esos derechos que se nos están negando durante la crisis sanitaria. ¿Por qué una persona puede desplazarse de una comunidad autónoma a otra por estudios presenciales, aunque se trate de un breve curso de fin de semana, y en ocasiones se le niega moverse dentro de su misma provincia para acudir al teatro, a una visita guiada por una exposición o a un concierto en el que se van a respetar las medidas sanitarias correspondientes?

Dejemos de confundir cultura y ocio y reivindiquemos nuestros derechos. Exijamos que se respete nuestro derecho a desarrollar nuestro juicio crítico.