David Hernández
David Hernández. Periodista político y amante de la cultura.

¿Qué le está pasando a nuestro país? ¿Qué le está pasando a nuestra sociedad? ¿Por qué permitimos que los medios de comunicación sirvieran de altavoz de la ultraderecha? ¿Cómo no logramos impedir que llegaran a las instituciones? ¿Qué ha ocurrido para que el discurso del odio haya calado de forma considerable en la ciudadanía española? ¿Cómo frenar ese odio, que avanza a pasos agigantados y comienza a pasar del discurso a la acción?

Lo que no se ve en los medios de comunicación, principalmente en televisión, es como si no existiera. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo con el drama migratorio. Vemos por televisión cómo numerosas personas llegan de forma frecuente a nuestras costas, huyendo de las guerras y el hambre. Al mismo tiempo, esos espacios televisivos dan voz a quienes vomitan todo su odio en contra de la migración.

Nuestro país

Noticias que vienen acompañadas de otras sobre las restricciones de movilidad a causa de la covid-19 y todo tipo de informaciones sobre los efectos devastadores que está generando la crisis sanitaria. Rara vez nos encontramos con un reportaje sobre el verdadero drama de quienes llegan a España en una patera o en los bajos de un camión, arriesgándose a perder su vida. Invisibilizan su drama. Sólo existe el nuestro. Y les culpabilizamos. Es más fácil culpar a quien viene de fuera que analizar la realidad.

Y es que es necesario que nos hagamos preguntas. Es necesario que los medios de comunicación preguntemos. Nuestro deber es informar. Mostrar la realidad. Los medios de comunicación no podemos convertirnos en altavoz de la ultraderecha ni contribuir a la expansión del neofascismo. Ante cada una de las personas que llegan a España en condiciones precarias me hago muchas preguntas. ¿Cómo era la vida en su lugar de origen? ¿Qué ha dejado atrás? ¿Qué ha tenido que hacer para poder emprender el viaje? ¿Cuánto ha durado el trayecto desde que salió de su población hasta conseguir cruzar a Europa? ¿Por qué arriesgar su vida durante un viaje tan duro le merecía la pena cuando decidió emprender? ¿Ha merecido la pena? ¿Qué sentía en cada momento de ese trayecto? ¿Ha sentido miedo? ¿Ha temido por su vida? ¿En qué pensaba en esos momentos? ¿Qué le dio fuerzas para continuar? ¿Qué ha sido lo más duro? ¿Cómo se sintió al pisar suelo europeo? ¿Cuáles son ahora sus esperanzas?

“Los moros van a morir”

Sigo con atención y pavor cómo está reaccionando parte de la población ante la llegada de nuevos cayucos a Canarias. Hace unos días, La Marea publicaba en exclusiva una serie de audios de grupos de WhatsApp que llamaban a movilizarse mediante el uso de la violencia contra la población migrante (el material ha sido censurado por YouTube y el medio de comunicación ha sufrido el cierre de su canal). En esos audios se escuchaban frases como “estamos armados hasta arriba” o “los moros van a morir”. La situación es de tal gravedad que el personal de Cruz Roja recomendó a las personas migrantes no salir a la calle, por miedo a que les ocurriera algo.

Ante el silencio de los grandes medios de comunicación, tenemos que asomarnos a otros más modestos, publicaciones independientes, y, también, a las redes sociales. En éstas, es cierto que se genera mucha desinformación y que están llenas de noticias falsas. Pero hay quienes hacen un uso informativo de ellas.

El periodista Eduardo Robaina está haciendo una gran labor de información a través de su cuenta de Twitter, narrando al instante y desde el terreno todo lo que está aconteciendo en las islas. En estos tiempos que corren, necesitamos de periodistas comprometidos como él, que lo dan todo por una profesión que entiende como instrumento para construir una sociedad mejor. Y es que, a veces, no hace falta más que conocer la realidad, tal y como es, para que abramos los ojos y recapacitemos.

Me asombra la facilidad con la que hemos olvidado que somos un país de emigrantes. Muchos de nuestros abuelos y bisabuelos también tuvieron que emigrar. Tuvieron que huir al exilio por motivos políticos, por el temor a acabar en prisión o bajo tierra, enterrados como animales en una cuneta, fusilados, por el simple hecho de haber defendido la democracia, como les ocurrió a Federico García Lorca y a otros muchos.

Nuestra historia

Años más tarde, hubo otros exiliados; aquellos que no soportaron vivir bajo la amenaza, el chantaje y la extorsión de la banda terrorista ETA y decidieron irse de España. La crisis económica de 2008 generó otro tipo de emigrantes, jóvenes con carreras y másteres que no encontraban ninguna salida profesional en nuestro país y se vieron obligados a buscar un futuro fuera de nuestras fronteras. Entonces, ¿por qué somos incapaces de ponernos en la piel de quienes ahora huyen por los mismos motivos?