Federalistas en la jungla

El gobierno de Pedro Sánchez viene pisando con zapatillas de bailarina entre las discrepancias cuando se plantean -tan a menudo como vemos- casi siempre por los mismos

Federalistas en la jungla. El gobierno de Pedro Sánchez viene pisando con zapatillas de bailarina entre las discrepancias cuando se plantean.
Federalistas en la jungla. El gobierno de Pedro Sánchez viene pisando con zapatillas de bailarina entre las discrepancias cuando se plantean.
Aurelio Romero
Periodista especializado en comunicación corporativa, sociolaboral y política

Federalistas en la jungla. La Constitución española de 1978 tiene un cierto olor a federalismo, aunque nos parezca mentira. Ha bastado que nos llegase un mal común en forma de virus para comprobar cómo es posible desarrollar esa esencia cuasi federalista cuando quienes controlan el poder territorial deciden discutir y acordar estrategias y soluciones comunes. 

Como indicaba un experto observador de la realidad, nunca se ha visto en los medios de comunicación a tanto consejero autonómico, tanto presidente regional y tanta defensa de criterios distintos pero coordinados sobre los diferentes territorios. Tal vez se eche en falta un mayor protagonismo de La Moncloa en la defensa de su estrategia nacional sobre la pandemia y menos entradas al trapo de provocaciones que las hace aún mayores, pero es evidente que el gobierno de coalición de Pedro Sánchez viene pisando con zapatillas de bailarina entre las discrepancias cuando se plantean -tan a menudo como vemos- casi siempre por los mismos.

Igual de públicos, por el contrario, son los contactos y aproximaciones entre algunos presidentes autonómicos con el de la nación, relaciones en las que se están planteando no solo cuestiones relativas a la pandemia, como se comprueba después de esos encuentros porque se les va la lengua a unos -léase PNV- o sobre competencias y futuro o sobre los pasos en silencio en los despachos de dentro y fuera del Parlament de Catalunya. En estos casos solo hay que esperar al día siguiente.

Sortear los agujeros de la Constitución

Este es el proceso normal, pese a algún ruido; el que debería ser normal al menos para ir enmendando los agujeros que la Constitución mantiene y tanto afectan al funcionamiento institucional del Estado. Para los federalistas, la crisis política de España tiene su origen en el cierre en falso de la Constitución y solo una revisión en versión auténticamente federalista nos hará salir del enroque que la derecha política, los jueces e incluso la Iglesia española han provocado hasta convertir la vida del país en una jungla llena de escondrijos y asaltos desleales, grupos políticos que nacen y mueren a conveniencia de terceros y una ley electoral que ya no se corresponde con el país que la transición dejó.

Sobre este endeble tapiz algo avanzamos hacia una pauta nueva de relación territorial y política, que imprima mayor relevancia a aquella inspiración federalista, pero la derecha ha encontrado en la pandemia el resorte para su encumbramiento político y el cubrimiento de sus descalabros de gestión.

Aunque parezca una broma, la derecha más recalcitrante emula las aspiraciones y comportamientos de quienes más cuestionan la actual estructura del Estado español, desde dentro o desde Bruselas. Han convertido en verdad la idea de que los extremos se tocan y han lanzado a una torpe política madrileña como mascarón de proa de una batalla electoral que para el PP no acaba el 4 de mayo en la capital del Estado sino el día que se tome La Moncloa como un nueva Bastilla prerrevolucionaria.

El PP y sus propios sectarios políticos

Cuesta creer que Madrid y otras Comunidades gobernadas por diferentes sectarios políticos del propio Partido Popular estén aplicando estrategias tan divergentes entre sí mismos y mientras su presidente sortea las trampas internas o públicas por su falta de poder real. Probablemente también en el PP todo sea temporal y por eso Casado prepara la barrida interna en su congreso de otoño.

Sobrevivir a una pandemia tan diferente en cada parte de España gobernada por el PP es un alarde que solo aguantan los que hacen piña con los demás en los encuentros territoriales de Salud. Demuestran que solo el consenso en las medidas anticovid frenarán la pandemia si el Gobierno de Sánchez aguanta la tensión.

Federalistas

Más allá de esa evidencia, el avance de la corresponsabilidad no será posible ni eficaz mientras en Galicia, Madrid o Murcia (por citar algunas regiones) crean que tienen la receta frente al resto del mundo, incluso frente a los suyos. Es igual de evidente que Casado no controla el PP (nunca lo pudo hacer), pero dejar a sus hooligans el protagonismo político del principal partido de la oposición le convierte a él en un pequeño elefante viejo y perdido en la jungla en busca de la senda final.

En este contexto, no veremos solventar los principales problemas estructurales del país, con o sin pandemia, ni serán posibles los pasos que hagan coincidir en las soluciones. Si la pandemia no es más importante que el congreso popular, si la batalla contra el virus no es prioritaria a la carrera electoral dentro de la izquierda, no tiene importancia acordarse de la esencia federalista con que la Constitución nos puede ayudar. Habrá que optar por otra nueva, sin remilgos ni obediencias históricas, a veces tan infundadas.