David Hernández
David Hernández. Periodista político y amante de la cultura.

Gentuza. Fue Albert Rivera quien hace algunos años comenzó a visitar algunos municipios de Euskadi para insultar a la ciudadanía vasca a las puertas de sus casas, sus bares y sus comercios. Venían a nuestras calles a llamarnos terroristas y delincuentes. Lo hacían en tiempos de reconciliación, cuando la sociedad había decidido avanzar y vivir en paz, pero en los que cualquier provocación seguía hiriendo y generando tensiones entre sus habitantes. Aún ocurre a día de hoy. Las heridas van a tardar tiempo en cicatrizar, pese a que la propia ciudadanía está haciendo un gran esfuerzo.

Gentuza

Desde Ciudadanos eran conscientes y eso fue lo que les motivaba a insultarnos, aun sabiendo que, desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de los criminales de ETA, quienes exigíamos el fin de la banda éramos mayoría, aún sabiendo que muchos de nosotros, de quienes estábamos detrás de esas puertas y ventanas frente a las que vociferaban, nunca nos habíamos callado, que habíamos luchado por la libertad llenando páginas de tinta en los periódicos, asistiendo a las manifestaciones de Basta Ya o Gesto por la Paz o desde otros oficios en los que nuestros vecinos se jugaban la vida a diario en su lucha por la paz.

Una libertad real, la de una ciudadanía libre, a la que nadie persigue ni le pega un tiro por sus ideas, no la de mantener abiertos los bares y fomentar el turismo internacional en medio de una pandemia que ya ha dejado casi 3 millones de muertos en todo el mundo.

Durante un tiempo, a Ciudadanos le funcionó insultar a la ciudadanía vasca. Sabían que tenían muy pocas posibilidades de conseguir escaños en Euskadi, que, hicieran lo que hicieran, era casi imposible. Pero también eran conscientes de que venir a provocar a la sociedad vasca tenía rédito electoral en otras comunidades autónomas más conservadoras.

Provocación fascista

Ahora, Vox ha recogido el guante de Albert Rivera y sigue su misma estrategia en los barrios obreros en esta carrera electoral de las autonómicas madrileñas. Hace unos días vimos como la formación ultraderechista organizó un acto en la Plaza Roja de Vallecas. Fueron a provocar. Necesitaban jaleo. Querían movida para ganar votos entre los votantes más conservadores. Sabían que la vecindad no iba a mantenerse impasible ante su provocación y que iban a acudir al acto a manifestarse en su contra. Pero, como la manifestación estaba transcurriendo con normalidad, como los manifestantes se estaban comportando de forma pacífica, había que insultarles. Así fue como, en pleno Vallecas, Ortega Smith gritó que la mayoría de los allí presentes eran “gentuza” que “ni estudia, ni trabaja, ni se les espera”.

Militantes violentos se acercaron al cordón policial que separaba el acto de los manifestantes. En lugar de pararles los pies, los antidisturbios cargaron contra los vecinos del barrio del Portazgo que mostraban su rechazo a la formación ultra. Sin embargo, la vecindad se negaba a abandonar sus calles, las calles de su barrio, a las que la ultraderecha sólo asiste en campaña electoral y, además, para insultarles a la cara. Así que, allí continuaron, pacíficamente. Algo que los dirigentes de Vox no podían soportar y decidieron aumentar la tensión.

Fue entonces cuando Santiago Abascal comenzó a caminar hasta el cordón policial, para encararse con la vecindad: “dieciocho pasos hemos tenido que dar hasta acercarnos a esos miserables”. Lo que provocó nuevas cargas contra los manifestantes. Vox se salió con la suya: imágenes violentas, vecinos heridos por las cargas policiales, el discurso neofascista de la formación reproduciéndose en todos los medios de comunicación y detenciones. Entre las agresiones policiales, se produjeron al menos cinco contra periodistas y fotoperiodistas que cubrían el acto: Guillermo Martínez, Álvaro Minguito, Fermín Grodira, Daniel Galvalizi y Dani Gago.

Dignidad ciudadana

El neofascismo consiguió su objetivo en Vallecas. ¿La culpa es de los vallecanos y las vallecanas, la supuesta “gentuza”? Llevamos tiempo diciendo que hay que combatir al fascismo, que no podemos quedarnos de brazos cruzados ante el fascismo. No podemos permitir que vengan a insultarnos a las puertas de nuestras casas. La ciudadanía actuó con dignidad, la dignidad que le faltan no sólo a Vox, sino también a quienes blanquean al fascismo, a quienes les ofrecen gobernar juntos y a quienes gobiernan gracias a ellos en distintas comunidades y ciudades, es decir, Partido Popular y Ciudadanos.

No se esconden. No se callan. No muestran reparos a la hora de expresar sus intenciones de quitarnos derechos y libertades. Mientras tanto, Isabel Díaz Ayuso, que más que una candidata real parece un personaje caricaturesco de sitcom política, que incluso supera la disparatada trama de ‘Vota Juan’, tiende la mano a Vox para un gobierno común mientras se presenta a los comicios bajo el lema ‘Libertad’. Me resultaría desternillante y estaría asistiendo a esta precampaña palomitas en mano, dispuesto a partirme de la risa, si no estuviésemos ante un auténtico drama, ante un peligro verdadero.

Pueden llamarnos gentuza, pero ya estamos viendo quienes están vertiendo todo su desprecio hacia una parte importante de la ciudadanía. Hemos de pararles los pies. No habrá mejor oportunidad que la que nos brinda el próximo 4 de mayo.