Íbamos a salir mejores. Nos dijeron que saldríamos mejores. Sin embargo, poco a poco fuimos descubriendo que no. La crisis de valores fue evidenciándose cada vez más. Las crisis que veníamos arrastrando de tiempo atrás, se hicieron aún más visibles. Y aquí seguimos.

En el mismo lugar. Si nos fijamos en las redes sociales y de verdad creemos que éstas son reflejo de nuestra sociedad, estamos muy lejos de salir mejores. La crispación ha ido creciendo cada vez más. No es una situación fácil. La ciudadanía está cansada. Muchas familias han visto morir a sus seres queridos, han perdido sus empleos y están viviendo situaciones muy duras.

Íbamos a salir mejores

La falta de libertad nos ahoga a todos y a todas. Pero, sobre todo, aunque no lo escenifiquemos, lo que más nos bloquea es el miedo a que la vida nunca vuelva a ser como antes. Por eso, cuando hemos visto que la vacuna comenzaba a llegar, nos hemos ido relajando. Por eso, cuando la nieve ha cubierto nuestras ciudades, hemos sentido la necesidad de salir a jugar, de recuperar nuestro espíritu infantil, porque necesitamos vías de escape. Debemos ser cautos porque, aunque no quiero ser ningún aguafiestas, el virus sigue ahí. Salgamos y disfrutemos, desconectemos, pero con cautela. Aprovechemos para desprendernos de toda crispación.

A esa indignación que nos ha acompañado durante los últimos meses han contribuido algunos políticos de forma interesada. Vox ha sido la principal interesada en generar un malestar social para derrocar al Gobierno a cualquier precio. Y el Partido Popular y Ciudadanos se han dejado arrastrar por la corriente. Así es como, en múltiples ocasiones, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se ha presentado como la oposición al Ejecutivo central desde el gobierno regional madrileño. Una oposición como la que acostumbra la derecha, agresiva y nada constructiva, con la que se oponen a cualquier decisión, sin valorarla, sea buena o mala para la ciudadanía. El único objetivo es gobernar el país. Gobernar a toda costa, aunque para alcanzar ese propósito la ciudadanía caiga en el frente de batalla, como si de una guerra se tratara, porque incluso les hemos escuchado hablar empleando un lenguaje belicista.

Desmantelando el sistema

Quienes intentan derrocar al gobierno de coalición de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias desde la Comunidad de Madrid son los mismos que, durante años, han desmantelado los servicios básicos de la región. Durante años y años, se han dedicado a privatizar servicios esenciales. Tanto el Partido Popular como Ciudadanos, en cada campaña electoral en la que han participado, han prometido bajadas de impuestos. En la capital, lo han conseguido, el Ayuntamiento recaudará 128 millones de euros menos de los madrileños en 2021. En la Comunidad de Madrid, pese a la situación de crisis provocada por la pandemia, se prorrogarán los presupuestos de 2019 por segundo año consecutivo. Harán frente a una situación excepcional, con unos presupuestos desfasados. Los impuestos no se subirán a las rentas más altas como proponen las formaciones progresistas, pero tampoco bajarán para las rentas más bajas. Eso sí, Díaz Ayuso mantiene su promesa de rebajar medio punto el IRPF a lo largo de la legislatura.

Sin una fiscalidad progresiva y redistributiva, con la que se bajen los impuestos a las rentas más bajas y aumente el tipo a las más altas, será imposible mantener el estado del bienestar. Y las consecuencias son evidentes. Cuando llega una pandemia, los hospitales colapsan. Cuando viene un temporal, los servicios también colapsan.

Tras años de desmantelamiento de nuestro sistema público, ahora, quienes han hecho del egoísmo la máxima de su política piden a la ciudadanía la solidaridad que ellos no han sabido tener. El vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, ha tenido la desvergüenza de pedir a la ciudadanía que salga de casa con una pala y ayude a quitar la nieve. Y es que, rebajando impuestos y privatizando servicios esenciales, cuando éstos hacen falta, no existen. Y, por consiguiente, esta crisis, como la de 2008, la pagas tú.