David Lerín Me refiero a la exposición titulada “La imagen humana. Arte, identidades y simbolismo” que puede visitarse en el CaixaForum Madrid hasta el 16 de enero de 2022.  La muestra expone 150 piezas de diferentes épocas: obras icónicas de civilizaciones antiguas del British Museum de Londres combinadas con una selección de arte contemporáneo de la Colección de la Fundación” la Caixa” y con préstamos relevantes de instituciones como el Museo del Prado. Brendan Moore, conservador de la pinacoteca londinense, es el comisario de la muestra que cuenta con el espacio de mediación y proyecto educativo coordinado por Núria Roselló y Arola Valls.

La imagen

La exposición ofrece un recorrido, en diferentes espacios temáticos, por uno de los grandes conceptos intrínsecos del arte: el ser humano y la imagen que proyecta. Y esto se percibe desde el inicio de la muestra con un gran espejo que nos refleja invitándonos a contemplarnos a nosotros mismos. La exhibición rompe con un relato meramente cronológico, fragmentándose en varias grandes áreas temáticos: Belleza ideal, Retratos, El cuerpo divino, El cuerpo político y La transformación corporal.

El primer espacio, Belleza ideal, explora algunas de las muchas y variantes maneras en que los pueblos han concebido la belleza con distintos ideales y cánones, pero presentando rasgos comunes como la búsqueda de la simetría, la armonía de las proporciones o el equilibrio. También se analiza cómo algunos artistas han desafiado una idea de belleza estereotipado y el papel de la publicidad, la moda y los medios de comunicación en la reproducción del mismo.

Retratos

En la segunda área, Retratos, profundiza en la representación del ser humano a través de una visión poliédrica de la identidad que puede tomar diferentes formas y propósitos. Esto aparece reflejado en diferentes civilizaciones, desde la cultura egipcia que fue la primera tradición indudablemente retratista, pasando por la individualidad idealizada griega o la realista romana. Muchas otras civilizaciones produjeron retratos naturalistas como la cultura moche del antiguo Perú, que recreó en cerámica a personas relevantes de su comunidad.

La tercera sección, El cuerpo divino, descubrimos imágenes votivas de dioses o seres sagrados con forma humana en diferentes religiones y civilizaciones en lo largo de la historia. La representación religiosa sigue perpetuamente unos rasgos figurativos cuidadosamente elaborados para transmitir la naturaleza divina en prácticamente todas las culturas, salvo en el judaísmo y en el islam que ven la representación divina una ofensa a dios.

Curiosamente, el cuarto espacio temático, El cuerpo político, se relaciona con el anterior. En este caso, el poder de la imagen no está al servicio de una veneración divina, sino a un poder político claramente identificado con una persona concreta, un líder político o gobernante: Barak Obama, Donald Trump, Mao Zedong, Marco Aurelio, Julio César, Marco Antonio, Cleopatra, el emperador Maximiliano I, Napoleón o Isabel la Católica (retratada por Luis de Madrazo). Echamos en falta, únicamente, la presencia de representaciones de personas con un incontestable poder económico (burguesía) con influencia social y política que no podemos obviar.

Transformación corporal

Por último, La transformación corporal ocupa el último espacio narrativo de la muestra. El cuerpo humano es un vehículo para mostrar la identidad, pero las ideas acerca de la individualidad son complejas por definición, ya que en cada persona residen muchas veces múltiples identidades: territorio, experiencia vital, género, etnia, sexualidad, clase social, etc. Debemos tener cuidado con las “identidades puras”. La identidad es algo fluido y poliédrico y eso se muestra también en el arte. En muchas culturas hay mitos sobre las transformaciones sobrenaturales, seres humanos que experimentan cambios mágicos o rituales donde se encarna el poder de un animal, de ancestros o de espíritus.

Esta exposición permite un espacio para la reflexión, para pensar en lo que somos y en el ser humano en su conjunto. Además, rompe con los relatos eurocentristas culturales y artísticos, intentando viajar a innumerables civilizaciones diversas en un trascurso de 10.000 años.

Analogías culturales

La muestra nos lleva a pesar en la condición humana y a observar las analogías culturales entre todas las civilizaciones que han existido en lo largo de la humanidad. La condición de ser humano se mantiene y los rasgos comunes son obvios: todas las civilizaciones buscan un ideal de belleza, desean retratar a sus semejantes, buscan una salida religiosa al fin de la vida, tienen relaciones de poder claramente definidos y personificados y muestran, en muchos casos, identidades múltiples. Por tanto, hay muchos más nexos que unen a los seres humanos que elementos que los separan.

Por último, esta última reflexión que nos deja la exposición puede ser una buena interpelación a la emergente ultraderecha que reivindica una visión etnicista de la sociedad que rechaza toda propuesta multicultural y aparta a los seres humanos según su etnia. Una propuesta de diferenciación y segregación que ataca cualquier tipo de convivencia intercultural.

 

 

Black Madonna with twins. Vanessa Beecroft. 2006.