David Hernández
David Hernández. Periodista político y amante de la cultura.

Todos los domingos escribo el artículo que el lunes saldrá publicado en estas páginas. No es que lo deje para última hora, como aquel estudiante que dejaba para el último minuto el trabajo a entregar en clase, sino para no dejar escapar los acontecimientos de actualidad que puedan suceder durante el fin de semana. El domingo por la mañana, echo un último vistazo a la prensa y, entonces, decido sobre qué tema me apetece más escribir. No siempre lo hago sobre los temas que han acontecido durante las últimas horas. Es más, casi nunca lo hago.

Es domingo. Esta semana han ocurrido muchísimos sucesos. Pero no quiero escribir sobre el rapero del que todo el mundo habla, ni tampoco de las manifestaciones que están aconteciendo, ni sobre los disturbios. Digo sí a la libertad de opinión. Digo no a la violencia. Me aburren los rumores sobre la relación entre los socios del Gobierno. Ya me he pronunciado en estas páginas sobre la situación de las personas migrantes en Canarias y me sigue preocupando el asunto. También he escrito ya sobre la necesidad de recuperar la memoria y dignificar a las víctimas de la represión franquista. Los argumentos esgrimidos en esos artículos también sirven para responder a la manifestación neonazi del pasado fin de semana.

Estos días, he conseguido descansar. Lo necesitaba. Las dos últimas semanas han sido de una gran carga e intensidad de trabajo. Normalmente, cuando consigo descansar, me inspiro con facilidad y no me cuesta escribir. Aunque tampoco creo que sea falta de inspiración. Más bien, creo que podría ser hartazgo, apatía, desidia, abulia…

La otra pandemia

En esta pandemia, se está hablando de muchas cosas. Se habla de cifras de contagios, de cifras de personas fallecidas, de vacunas que empiezan a llegar y de vacunaciones irregulares, de medidas restrictivas, de fiestas y botellones ilegales, de manifestaciones… También se ha hablado sobre las otras enfermedades que pueden derivar de esta situación, de las enfermedades mentales. Pero no se les está prestando especial atención desde los medios de comunicación y, sobre todo, desde las administraciones públicas. Es más, poco ayuda la crispación que intentan generar ciertos partidos políticos, cansando aún más a la ciudadanía en una situación en la que lo único que exige son soluciones.

Hoy es de esos días en los que le doy vueltas a todo y a nada. Es de esos días en los que recuerdo lo que hemos tenido que dejar atrás, en cómo era la vida previa a la pandemia. Ha pasado casi un año desde que nuestra vida cambió por completo con el inicio del confinamiento. El horizonte parece estar cada vez más cerca, pero sigue estando lejos.

Entre semana, me refugio en el trabajo. Trabajo y trabajo sin parar, hasta acabar agotado, por mantenerme ocupado. El trabajo es lo que me permite salir del municipio en el que resido y tener la mente tan atareada como para no pensar en todo lo que me estoy perdiendo. Es una vía de escape. Pero, al llegar el fin de semana, recluido en un pequeño municipio vasco de poco más de 4.000 habitantes, del que no puedo salir por el cierre perimetral, me agobio, me siento enjaulado. Intento leer, pero dejo el libro sin haber pasado de página por ser incapaz de concentrarme. Pongo películas a las que no consigo hacer caso, porque no dejo de mirar el teléfono móvil. No me hundo porque sé que será cuestión de horas, sé que el lunes está a la vuelta de la esquina y volveré a tomar el tren para acudir a la oficina. No hago nada de lo que me había planteado hacer al llegar el fin de semana, pero, al menos, consigo descansar, que buena falta me hace.

Los domingos

Pese a todo, me mantengo motivado. Sé que es algo pasajero. Tengo la suerte de poder refugiarme en el trabajo. Pero pienso en todas las personas que no tienen esa posibilidad, en todas las personas que viven en municipios pequeños, que han tenido que abandonar su vida social por tener todo su círculo fuera de esa localidad, que no encuentran trabajo, que se ven obligadas a vivir en una constante situación de ansiedad, que no tienen posibilidad de asistir a eventos culturales. ¿Quién se ocupa de ellas?

Esta pandemia nos ha cambiado como sociedad. Aún no somos conscientes de cuánto. Se está reivindicando la sanidad pública para hacer frente a situaciones como ésta. No es una necesidad temporal. Vamos a necesitar un sistema público de salud fuerte para hacer frente a lo que está por venir, para hacer frente a todas las secuelas psicológicas que está generando toda esta situación.