Orgullo

El Orgullo LGTBI no es una fiesta. Aunque el neoliberalismo ha querido llevarlo a su terreno y hacer de esta efeméride una fecha de la que hacer negocio y llenarse los bolsillos con un falso pinkwashing, es una manifestación, un acto reivindicativo

Sobran motivos para seguir celebrando el Orgullo LGTBI. Foto de David Hernández
Sobran motivos para seguir celebrando el Orgullo LGTBI. Foto de David Hernández
David Hernández
David Hernández. Periodista político y amante de la cultura.

No suelo caer en provocaciones ni responder a los haters que buscan confrontación en redes sociales como respuesta a los artículos que publico en este medio. Por suerte, ese tipo de mensajes suelen ser pocos. Ante esas actitudes, suelo responder con el silencio y la más absoluta indiferencia, no dándoles el protagonismo que buscan. Sin embargo, las respuestas en redes sociales que recibieron distintas personas y colectivos que compartieron mi último artículo, me llevan a la necesidad de reflexionar al respecto.

En el artículo de la semana pasada, escrito tras la agresión que sufrió un joven de 23 años a manos de 13 energúmenos al grito de “maricón de mierda”, explicaba que ese tipo de sucesos nos mostraban cuan necesaria sigue siendo la celebración del Orgullo LGTBI.

Reacciones

Los comentarios que circularon como respuesta al texto dejaron aún más evidente el retroceso que estamos sufriendo como sociedad y la verdadera necesidad de seguir manifestándonos contra la LGTBIfobia, por mantener los derechos conquistados y por lograr otros que aún debemos alcanzar, como sería la aprobación de la Ley Trans.

“Sobran motivos para no permitir los desfiles depravados y degenerados del ‘Orgullo’ gay”, “hay que acabar con esta fiesta subvencionada con nuestros impuestos” o “tampoco heterofobia” son sólo unos ejemplos de los mensajes que dejaron por las redes y que merecen cierta respuesta.

Tal y como explicaba en aquel artículo, el último informe del Ministerio del Interior sobre los delitos de odio a la comunidad LGTBI, de 2018, contabilizó 259. El documento recoge únicamente las denuncias formales, por lo que la cifra real es mucho mayor, ya que muchas víctimas no se atreven a denunciar en comisaría. La FELGTB (Federación, Estatal de Lesbianas Gais, Trans y Bisexuales) contabilizó ese mismo año 971 agresiones utilizando sus propias fuentes.

Orgullo: no es una fiesta

El Orgullo LGTBI no es una fiesta. Aunque el neoliberalismo ha querido llevarlo a su terreno y hacer de esta efeméride una fecha de la que hacer negocio y llenarse los bolsillos con un falso pinkwashing, es una manifestación, un acto reivindicativo.

La marcha del Orgullo LGTBI se remonta a los disturbios de Stonewall (EE.UU.), una serie de manifestaciones espontáneas como respuesta contra una redada policial que tuvo lugar en la madrugada del 28 de junio de 1969, en el bar conocido como Stonewall Inn de Nueva York. Las redadas contra este tipo de pubs eran algo habitual en la época. En Stonewall, la policía perdió el control y tanto los clientes del local como los vecinos LGTBI del barrio Greenwich Village se rebelaron. La tensión se alargó durante varios días. Pocas semanas después, el colectivo se organizó e inició la lucha por disponer de lugares donde las personas LGTBI, homosexuales en su mayoría, pudieran estar libremente sin miedo a ser arrestados y por conquistar otros derechos en materia de igualdad.

El primer Orgullo

En España, la primera marcha por los derechos de las personas LGTBI se celebró por primera vez en Barcelona en el año 1977. Sólo se concentraron alrededor de 4.000 personas y fueron disueltas por la fuerza. Exigían acabar con la persecución y represión que sufrían las personas homosexuales en nuestro país.

El Orgullo, además, es visibilidad. Algo necesario para perder el miedo a ser quien se es y para normalizar algo que es normal, pero que, pese a creernos avanzados, un sector de nuestra sociedad no termina por ver como normal. Anomalías a las que nos tiene acostumbrada esta España nuestra.

Se han conquistado derechos como el matrimonio entre personas del mismo sexo y se ha avanzado en otras cuestiones. Sin embargo, la polémica en torno al borrador de la Ley Trans, las agresiones que siguen existiendo y la presencia de un partido político como Vox en las instituciones, prometiendo acabar con el matrimonio igualitario e impedir la adopción a las personas LGTBI, nos recuerda que seguimos teniendo motivos de sobra para manifestarnos.