David Hernández
David Hernández. Periodista político y amante de la cultura.

Silenciaron la canción protesta. En la década de los 60 del pasado siglo, con nuestro país aún inmerso en la dictadura franquista, un grupo de valientes se atrevieron a armarse con sus guitarras y micrófonos y disparar canciones contra el fascismo. Las ansias de libertad, que se sumaban a la encadenada caída de las dictaduras europeas, tuvieron como consecuencia la aparición de nuevas voces a favor de la democracia y la libertad de expresión, con poesías llenas de metáforas con las que lograban esquivar la censura. La canción protesta. Así es como aún se conoce a la canción de autor de aquella época. Canciones con las que se denunciaba la situación política y social del país.

Joan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute, Rosa León, Julia León, Adolfo Celdrán, Elisa Serna, Chicho Sánchez Ferlosio o Paco Ibáñez son sólo algunos de los valientes que alzaron la voz e hicieron sonar las guitarras.

Una de mis canciones favoritas de aquella época es ‘Al Alba’. La letra de Aute habla de los fusilados por el franquismo.

«Si te dijera, amor mío,
que temo a a la madrugada,
no sé qué estrellas son estas
que hieren como amenazas,
ni sé qué sangra la luna
al filo de su guadaña.
Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga,
quiero que no me abandones
amor mío, al alba.»

Esta estrofa representa el miedo a la noche, de quien está en su celda sabiendo que, en cualquier momento de la madrugada, puede ser llamado y trasladado a la cuneta o a la tapia en la que será fusilado al alba.

Cuando canciones como ésta perduran en el tiempo y continúan siendo escuchadas una y otra vez y en contextos históricos muy distintos, corren el riesgo de perder su significado. El silencio, la desmemoria y la mercantilización de la cultura han hecho que aquellas letras perdieran su sentido y su valor. No hay mejor ejemplo que ver a adolescentes de derechas cantando el ‘Bella Ciao’ en sus discotecas, creyendo que no es más que una canción creada para una popular serie televisiva.

Llegó el silencio

La canción de autor nunca ha desaparecido, pero sí ha ido perdiendo la potente carga política y social de aquellos años. La canción de autor no ha cesado, pero sí como se concebía, porque la canción protesta se silenció. Hubo un momento en el que las fuerzas políticas creyeron que ya había dejado de ser útil y que, incluso, podría empezar a ser molesta.

Los cantautores desaparecieron de las televisiones y de las emisoras de radio. Los Ayuntamientos dejaron de contratarlos. Las discográficas apostaron por otros estilos y les dieron la espalda. Han continuado su labor, pero sin la promoción de entonces, autoproduciéndose, cambiando estadios por pequeñas salas de conciertos. “Al llegar la democracia, nos dijeron que ya estaba todo hecho, consideraron que ya no éramos necesarios y se nos silenció”. Estas tristes y duras palabras se las escuché a Julia León en un concierto que ofreció en Madrid meses antes de que llegara la pandemia.

Silenciaron la canción protesta
Silenciaron la canción protesta

Deber democrático

La canción protesta nunca ha dejado de ser necesaria. No todos los derechos se alcanzaron con la llegada de la democracia. En nuestro país aún nos quedan muchos derechos por conquistar y no los lograremos si permanecemos callados. Menos aún en estos tiempos en los que, por falta de una memoria colectiva y un espíritu crítico, al cual se llega a través de la cultura, han regresado a las instituciones quienes nos hacían temer a la madrugada. Ahí están, gritando, sin ningún complejo ni pudor quienes intentan devolvernos a aquellos tiempos en los que las estrellas herían como amenazas.

Podría haberse evitado que regresaran si hubiéramos tenido una izquierda valiente y sin complejos, que hubiera apostado por una recuperación real de la memoria histórica desde que logró su primer Gobierno tras la dictadura en 1982. También se hubiera evitado haciendo una fuerte apuesta por la cultura, poniéndola al alcance de toda la ciudadanía como ya se pretendió en la II República y convirtiéndola, igual que la educación, en un derecho esencial. Pero no. La cultura ha sido vapuleada y despreciada durante décadas. Ha sido atacada con constantes rebajas presupuestarias e, incluso, con una subida del IVA durante el mandato de Mariano Rajoy, fruto del rencor, como venganza a aquella campaña del sector contra la guerra de Iraq.

Silenciaron la canción protesta

Es tarde. Quienes nunca debían regresar a las instituciones ya están en ellas. Pero aún estamos a tiempo de silenciar su discurso. ¡Qué suenen las guitarras! Para silenciarlos no hace falta más que recuperar la memoria y crear una sociedad librepensante y con conciencia crítica. No es tan complicado, sólo hace falta rescatar al sector cultural y apostar por la cultura. Devolvámosles su espacio, agradezcamos todo lo que han hecho por la democracia y por la identidad del país. A todo el sector cultural, pero, especialmente, a las cantautoras y a los cantautores. Devolvámosles los micrófonos.