FJ Rebollero
Redactor jefe de Ahora Diario.

Un gran terremoto político, de dimensiones incalculables, azota de nuevo a Génova 13. Las últimas semanas de la dirección nacional del Partido Popular en la histórica sede inaugurada por Fraga, en los ochenta, se saldan con la caída de una de las autonomías históricas del ¿centro? derecha de España. Caen tanto la Región como el Ayuntamiento de Murcia en un pacto entre el Partido Socialista y Ciudadanos, una operación secreta que no ha dejado indiferente a nadie en el panorama político.

El terremoto

Con gobiernos desgastados, en plena pandemia, muchos han sido los rumores del devaneo que pueden sufrir algunas de las regiones gobernadas por los populares. No hace muchos días, Tudanca, líder de los socialistas en Castilla y León, dejó caer la idea de que en uno de los bastiones del PP también podría caer el gobierno instaurado y dirigido por Mañueco, del PP, e Igea, de Ciudadanos.

Los últimos resultados electorales en Cataluña, que han convertido a Ciudadanos en un partido en plena decadencia, en 2017 ganaron las elecciones, han obligado a Inés Arrimadas a plantearse cuál ha de ser el rumbo de los naranjas. Y es que, pasaron de ser el partido bisagra, al partido de la perpetuación del PP en mucha parte del territorio estatal.

El resto de gobiernos

Madrid, Castilla y León y Andalucía. Estos tres gobiernos, formados en una coalición entre el PP y Ciudadanos, podrían verse afectados por el terremoto político que ha propiciado Inés Arrimadas. Si en Castilla y León hay voluntad de cambio, el mismo Tudanca habló hace unos días claramente de que está dispuesto a plantarle cara al Gobierno de más de 30 años de los populares, el equipo de Gabilondo, en Madrid, ya se mostró favorable en formar un gobierno de coalición por cambiar la Comunidad.

Andalucía, sin embargo, es otro tema. Sin duda, el gobierno de Juanma Moreno lo tiene difícil para poder pactar con Vox unos presupuestos que le garantizarían la estabilidad de su ejecutivo; por lo que son muchas las voces que le piden que se convoquen unas elecciones que posibiliten coaliciones que garanticen la estabilidad política y económica en la región.

El PSOE podría hacerse así con el control de varios territorios tradicionales de la derecha; una situación que precarizaría, más si cabe, la situación económica de un Partido Popular