David Hernández
David Hernández. Periodista político y amante de la cultura.

Tomar consciencia del racismo. Hace un año, mientras decíamos que, de la pandemia, saldríamos mejores, veíamos un considerable aumento del racismo en nuestro país. Que la covid-19 se originara en China, fue motivo para que algunos medios de comunicación se llenasen de publicaciones llenas de tintes racistas hacia la población asiática. Ese odio se fue extendiendo a los sectores más rancios de nuestra sociedad, promovidos por la ultraderecha. Vox dirigía todo su discurso contra lo que denominaban “el virus chino”, de forma totalmente intencionada, y culpaba a la población asiática de todos nuestros problemas.

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Durante el último año, ha habido un considerable aumento de agresiones contra personas de origen asiático en nuestro país. Agresiones tanto verbales como físicas y ataques a comercios y restaurantes regentados por personas racializadas.

Ayer fue el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial. Un día que, como otros tantos, parece cosa del pasado, algo obsoleto. Pero no lo es. A veces, cuando vivimos en una burbuja, rodeados de personas abiertas y tolerantes, podemos tener la sensación de que ya hemos superado todos esos problemas. Pero no. No son cosa del pasado.

Tomar consciencia

Eres consciente del verdadero problema cuando en tu burbuja de tolerancia tienes amigos negros que no consiguen un papel como actores porque una persona afrodescendiente parece que no puede ser médico o policía en la ficción española y tiene que conformarse con los papeles de personas migrantes que surgen muy de vez en cuando. Y ya no hablemos de los actores asiáticos, la cantidad de veces que el actor catalán Alberto Jo Lee, de origen coreano, se ha tenido que conformar con interpretar a migrantes chinos, por esa idea estúpida, y aún muy arraigada en nuestra sociedad, de que todos los asiáticos son idénticos.

Fui consciente de que algo fallaba al descubrir que a todos mis amigos racializados la policía les ha parado en múltiples ocasiones para pedirles su documentación y, a mí, nunca. O aquella vez, en la que, de compras con un amigo afrodescendiente en El Corte Inglés de Serrano, un guardia de seguridad de paisano (de esos que llevan el walkie-talkie escondido en un catálogo de la tienda), nos iba persiguiendo por todos los pasillos. Te das cuenta de que no vives en la sociedad avanzada en la que creías estar cuando, en Bobbi Brown, oyes a una clienta decirle a una maquilladora que tire o desinfecte bien los pinceles después de haber visto cómo maquillaba a una chica negra. Sabes que hay un grave problema cuando vas caminando con un amigo racializado por la calle y le insultan por sus ojos rasgados o por el tono de su piel.

España no es el país avanzado que creemos. Y no sólo no lo es, sino que caminamos hacia atrás, como los cangrejos. Hemos dejado que quienes enarbolan la bandera del odio ya no sólo estén en las instituciones, sino que formen parte del gobierno de Murcia, y corremos el riesgo de que, en mayo, también del de la Comunidad de Madrid. Los medios de comunicación han sido su altavoz, y sin su ayuda no hubieran podido acceder a las instituciones. Ahora, ahí los tenemos, en el Congreso de los Diputados y en los parlamentos autonómicos, vertiendo todo su odio contra las minorías, contra la población migrante, contra el colectivo LGTBI.

Problema estructural

El racismo está en nuestras calles y en las instituciones. Nos escandalizamos cuando vemos estas situaciones en los Estados Unidos. Pero los yanquis no tienen la exclusividad del racismo. No sólo la policía norteamericana tiene actitudes racistas. No sólo la administración estadounidense es racista. Dejemos de escandalizarnos por lo que ocurre en los Estados Unidos y miremos lo que sucede en nuestro país. Dejemos de mirar hacia otro lado cuando estas cosas pasan en España y pongámosle solución. Avancemos. Exijamos a nuestros responsables políticos acabar con este problema estructural. Porque el racismo institucional es una realidad.

Los problemas estructurales no se solucionan de la noche a la mañana, pero luchemos porque se les ponga solución. Para ello, también es fundamental frenar a la ultraderecha. Los madrileños y las madrileñas tienen una magnífica oportunidad de hacerlo el próximo 4 de mayo. No se va a solucionar todo en estas elecciones, pero, al menos, sí se puede impedir que el fascismo continúe haciéndose fuerte en nuestro país.