David Hernández
David Hernández. Periodista político y amante de la cultura.

Tras el aplauso de las 20h. Ricardo sale del hospital y se dirige a un piso que no siente como suyo, en una ciudad que no es la suya. A sus 23 años, ha perdido la cuenta de la gente que ha visto morir en los últimos meses. Al estallar la pandemia, este joven sevillano dejó su ciudad y su familia y se trasladó a Bilbao. Fue Bilbao, como pudo haber sido cualquier otra ciudad en la que se le necesitara. Es uno de los cientos de jóvenes comprometidos con la sociedad que han convertido una necesidad de ayudar y una vocación de servicio público en su profesión. Ricardo, como el resto de sus compañeros y compañeras, era consciente de que no iba a tener una profesión fácil, pero sin llegar a imaginar el calibre del horror al que se iba a tener que enfrentar.

La facultad no da las herramientas necesarias

En ese piso en el que no siente suyo, en esa ciudad que no es la suya, en una situación nada fácil para socializar, cada jornada al finalizar su turno, tiene que enfrentarse a la soledad, al cansancio físico y mental y a los recuerdos de todo lo vivido en el hospital. Nadie le ha preparado para esto. La facultad no da las herramientas necesarias para enfrentarse emocionalmente a una pandemia, para ver morir a su lado a decenas de personas cada día y poder permanecer emocionalmente fuerte. Durante la jornada laboral, está concentrado en cuidar de todas las personas que lo necesitan, no tiene ni un minuto de descanso, se mantiene fuerte, porque sabe que le necesitan, y, sin saber cómo, saca una fuerza sobrehumana. Pero, en el trayecto a ese piso frío que no siente como suyo, el mundo se le viene encima.

Los enfermos sólo tienen a su lado al personal sanitario. El personal de enfermería se ha visto abocado a ofrecer unos servicios paliativos improvisados. Son las únicas personas que acompañan a los pacientes en sus últimos minutos de vida. Son sus manos las que aprietan en esa transición de la vida a la muerte. Nadie les ha preparado para ello.

Este tweet de Ricardo se ha viralizado este fin de semana. Esa frase de una persona enferma en sus últimos minutos de vida nos ha conmovido a los usuarios de la red social. Un mensaje con el que este joven enfermero pretendía concienciarnos sobre la necesidad de respetar las medidas establecidas para tratar de frenar la ola de contagios. Los hospitales vuelven a estar al borde del colapso y el personal sanitario está agotado.

El mejor aplauso

La sociedad también lo está. Echamos en falta nuestra libertad, poder movernos, salir de fiesta, respirar sin mascarilla, reunirnos libremente con quien queramos. Pero ¿nos hemos parado a pensar en las consecuencias de no respetar las medidas de contención?

Ricardo sólo es uno más. Es uno de los miles de profesionales que están cuidando de las personas enfermas en uno de tantos hospitales. ¿Pero quién cuida de Ricardo? ¿Quién cuida de sus compañeros y compañeras? Hemos dejado de aplaudirles cada tarde a las 20h, pero no les abandonemos. El mejor aplauso que les podemos dar es respetar las normas de seguridad y defender la sanidad pública. Nos va la vida en ello.

GRACIAS por llevar un año entero dándolo todo por salvarnos.