David Hernández
David Hernández. Periodista político y amante de la cultura.

¿Qué hubiera sido de nosotros sin cine, sin libros y sin música durante los últimos meses? ¿Qué hubiéramos hecho sin cultura? ¿Cómo hubiéramos sido capaces de soportar el confinamiento sin  esas historias que nos hacían abstraernos de nuestra realidad, sin esas producciones que nos hacían reír, sin esas canciones que nos hacían sentir? Sentir. A través de las historias de otros podemos sentir. ¿Quién no ha conseguido reír en un momento de profunda tristeza gracias a una buena comedia? ¿Quién no ha gritado del susto con una película terrorífica? ¿Quién no ha llorado con el dolor de unos personajes con los que empatizamos hasta el punto de hacer nuestro su sufrimiento? Personajes que nos muestran otras realidades y nos enseñan a ser mejores. Llorar de dolor. Llorar de felicidad. Emocionarse. Reír. Soñar.

Este fin de semana, se ha celebrado la gala de los premios Goya 2021. La ceremonia ha sido un triste reflejo del año que hemos vivido. Los nominados, desde sus casas, por videoconferencia, del mismo modo que hemos tenido que relacionarnos con nuestros familiares, con nuestras amistades, con nuestros equipos de trabajo durante esta pandemia. Una gala sin público. Sin aplausos, igual que nuestros balcones cuando entramos en la desescalada. Un patio de butacas vacío, tal y como se quedaron nuestras calles hace un año, como las salas de cine. El recuerdo a las personas trabajadoras de la industria cinematográfica que nos han dejado durante el último año ha sido más desgarrador que nunca, al convertirse en un homenaje a todas las víctimas que se ha cobrado la covid-19.

El cine tiene la capacidad de entretenernos y hacernos disfrutar, pero también de darnos un toque de atención e invitarnos a la reflexión, de mostrar la crudeza de nuestra sociedad o de hacer un ejercicio de memoria para que no olvidemos las vergüenzas del pasado y poder avanzar como sociedad.

El cine en crisis

La pandemia frenó el crecimiento del sector cinematográfico en España y dejó unas pérdidas en taquilla de 446 millones de euros. Tras varios años de crecimiento de público en las salas, el cierre total de los espacios en marzo del año pasado y las posteriores medidas restrictivas hicieron que de 105 millones de espectadores que asistieron al cine en 2019, pasasen a 28,2 millones en 2020.

A través del cine y de la literatura, durante el confinamiento, pudimos huir de nuestras vidas y vivir otras que no eran la nuestra, metiéndonos en la piel de otros personajes y escenarios, que nos ayudaron a adentrarnos en historias nuevas y emocionantes. También del teatro, que de forma altruista, diversas salas y los propios actores, pese a la precariedad en la que están sumidos habitualmente, decidieron ofrecernos a través de la red. Sin olvidar a aquellos músicos que llenaron las redes sociales de conciertos en directo desde sus casas.

Ahora, que parece que queda menos para recuperar nuestras vidas, que se atisban algunos rayos de luz al final del túnel, no podemos olvidarlo. Los trabajadores y las trabajadoras del sector cultural merecen que se les reconozca el trabajo y que agradezcamos todo lo que han hecho por nosotros y nosotras cuando más les hemos necesitado. Volvamos a las salas de cine. Volvamos a los teatros. Volvamos a las salas de conciertos. Compremos discos, libros, películas y todo tipo de productos culturales. Es necesario para que puedan seguir produciendo. Es imprescindible para que, cuando volvamos a vivir una situación de crisis como la que hemos sufrido durante el último año, puedan continuar ahí.