FJ Rebollero
Redactor jefe de Ahora Diario.

Al grito de “todos contra el PSC, cueste lo que cueste”, los partidos catalanes han vivido una campaña electoral frenética. Acusada por las circunstancias de la pandemia, la jornada electoral del domingo no solo se ha presentado extraña, sino también apasionante.

Vox ha irrumpido con fuerza en el Parlament con 11 escaños, casi cuatro veces los obtenidos por el PP. Y Ciudadanos, con un millón menos de votos y 30 escaños a la fuga, ha visto reflejado que el poder de la foto de Colón no solo le sirvió para perder cuarenta diputadas y diputados en el ámbito nacional, sino que en aquella región en la que fueron primera fuerza, ni se les ve ni se les espera.

Efecto Vox

El giro a la derecha de PP y Cs, intentando quitarle el apellido de extrema derecha a la formación de Abascal, ha conseguido que la formación de Arrimadas se desvincule, casi por completo, de la tierra que la vio nacer. Aliarse con la extrema derecha a cambio de nada, en centenares de ayuntamientos y en alguna que otra comunidad, no les ha salido gratis.

Y es que, Ciudadanos, un partido que nació con el objetivo de “desmontar las tesis independentistas”, sin Cataluña no es nada. Sin una Cataluña en la que han vivido, de primerísima mano, la fuerza (imparable) de la democracia. Por mucho que haya bajado la participación como asevera Arrimadas, los números no les eran favorables.

¿Seguirá Arrimadas los pasos de su exjefe Albert Rivera? Lo que es seguro es que, la estrategia de Vox de tensar la cuerda política allí donde están (y donde estaban por llegar), ha surgido efecto.

Conformar gobierno

Independentistas con mayoría absoluta e incapacidad de formar gobierno entre las tres fuerzas, las CUP se han negado durante toda la campaña a gobernar con Junts, se hace imposible un pacto de coalición sin que pase por un acuerdo con la fuerza mayoritaria, el PSC liderado por Salvador Illa.

Illa, en su primera intervención, ha mostrado su intención de presentar candidatura ante el Parlament, por si acaso puede gobernar. ERC preferiría un pacto con Junts y las CUP, pero por lo que se puede vislumbrar no se le va a cumplir el sueño de la noche de verano a Pere. El PSC, encabezado por Illa, ha mostrado sus intenciones de gobernar con Podemos, para imitar el gobierno del Estado, pero los números no suman. Y, el PdCat, aquella excisión que le salió poco antes de la campaña al expresident Puigdemont, ni si quiera entrará en el Parlament.

El PP catalán reconoce que sus resultados han sido nefastos a la vez que el Secretario General de la formación, Teodoro García Egea, asevera que los resultados catalanes “no son síntoma de nada”. Vox se felicita por los resultados aseverando que llegarán a presidir España. Y Ciudadanos ha convocado hoy, lunes, una ejecutiva extraordinaria para poder analizar resultados.

Ahora, lo inmediato. En los próximos días veremos qué partido consigue colocar en la presidencia del Parlament a uno de sus diputados o diputadas a la vez que leeremos centenares de artículos sobre la conformación (o no) del futuro gobierno de la Generalitat.

Si creíamos que con este San Valentín tan atípico íbamos a despejar dudas de la ecuación de la gobernabilidad, en este momento las máquinas comienzan a fabricar palomitas de manera febril. Porque el juego, aún, no ha empezado.