David Hernández
David Hernández. Periodista político y amante de la cultura.

Euskadi está muy lejos de ser el idílico paraíso que intenta vender el PNV. El discurso que Aitor Esteban muestra en el Congreso y con el que se pasea por los medios de comunicación estatales dista mucho de la gestión que, después, realiza su partido en Euskadi.

El Paraíso

Hace dos semanas, el Gobierno Vasco anunció el fin de la búsqueda de los restos de Joaquín Beltrán en el vertedero de la localidad vizcanína de Zaldibar, que colapsó hace más de un año. Un día antes, el lehendakari Iñigo Urkullu se había reunido con los familiares del trabajador para comunicarles persolamente la decisión del Ejecutivo vasco.

El 6 de febrero de 2020, la escombrera, gestionada por la empresa Verter Recycling, sepultó a dos trabajadores: Alberto Sololuze y Joaquín Beltrán. Después de meses de búsqueda, en agosto, fueron localizados los restos de Sololuze. Sin embargo, los del segundo trabajador, nunca llegaron a aparecer.

El lunes diez de mayo, los grupos parlamentarios visitaron el vertedero para ver las labores de búsqueda que aún continuaban. Durante la visita, el equipo del Gobierno Vasco en ningún momento informó a los grupos de la oposición de su intención de abandonar los trabajos de localización. Tampoco les mencionó ningún informe que lo justificase, haciendo referencia a la posibilidad de que el cuerpo pudiera haberse descompuesto por las altas temperaturas y materiales existentes en el vertedero tras el derrumbe.

Vende humos

La gestión del gobierno de PNV y PSE-EE ha sido nefasta. Tras el desastre, al poco tiempo de producirse el derrumbe, las labores de búsqueda tuvieron que suspenderse de forma temporal por la aparición de amianto. Así fue como se descubrió que, además de colapsar la escombrera, se había almacenado material tóxico sin contar con autorización para ello.

El Gobierno Vasco no ha ejercido ningún control sobre lo que ocurría en el vertedero. Las inspecciones correspondientes podrían haber evitado la tragedia. Pero, después del terrumbe, la gestión ha estado envuelta por una capa de oscurantismo y opacidad. Ha faltado transparencia. Además, no ha asumido ninguna responsabilidad, culpando de todo únicamente a la empresa Verter Recycling.

La sociedad vasca aún sigue esperando que se depuren las responsabilidades, tanto penales, como empresariales y políticas, y que se repare a los familiares de los fallecidos, aunque nada podrá compensar su pérdida.

Zaldibar es el ejemplo de que el oasis vasco que Aitor Esteban va vendiendo por las televisiones estatales no existe. El mito de buenos gestores que el PNV siempre ha querido vender no es más que humo. Humo como el que, tras el derrumbe, desprendieron los materiales tóxicos que se almacenaban en el vertedero. Porque, al desastre humano, debe sumarse el desastre medioambiental.

Esto es el PNV. Puro neoliberalismo, amicos.