Sobran motivos para seguir celebrando el Orgullo LGTBI

Hace unos días ha vuelto a ocurrir. Basauri (Bizkaia). Madrugada del sábado al domingo. Un grupo de unas trece individuos de entre 18 y 27 años agredieron a Ekain, un joven de 23. Le dieron una paliza a gritos de “maricón de mierda” hasta dejarlo inconsciente

Sobran motivos para seguir celebrando el Orgullo LGTBI. Foto de David Hernández
Sobran motivos para seguir celebrando el Orgullo LGTBI. Foto de David Hernández
David Hernández
David Hernández. Periodista político y amante de la cultura.
Llevamos tiempo alertando del auge de los delitos de odio, en un contexto en el que precisamente el odio ha encontrado su espacio en las instituciones públicas y en el que los medios de comunicación se hacen eco de esos discursos agresivos. Esa situación fortalece a los agresores, que pierden el mínimo pudor que les pudiese quedar y ejercen la violencia con orgullo. Se sienten legitimados.

Hace unos días ha vuelto a ocurrir. Basauri (Bizkaia). Madrugada del sábado al domingo. Un grupo de unas trece individuos de entre 18 y 27 años agredieron a Ekain, un joven de 23. Le dieron una paliza a gritos de “maricón de mierda” hasta dejarlo inconsciente. Patadas, puñetazos, empujones. Lo dejaron malherido, sangrando por la boca y la nariz, según explicó Kevin, el novio de la víctima.

Por suerte, Ekain, quien tuvo que ser atendido en el hospital, también puede contar lo ocurrido. Pero está convencido de que, si los golpes hubieran durado un poco más, no estaría aquí. Por eso, ha sacado fuerzas para denunciar públicamente ante los medios de comunicación lo ocurrido y para movilizar a cientos de personas en una manifestación para condenar la violencia LGTBIfóbica.

Esta agresión se suma a las violencias sistemáticas que se ejercen cada día y en cada lugar contra las personas LGTBI, fruto del odio y las desigualdades estructurales de género. En esta sociedad patriarcal en la que vivimos, se naturalizan las múltiples formas de violencia con las que se agrede, se cuestiona y se invisibiliza a cualquier persona que no cumpla con las cisheteronormas impuestas.

Denunciar la violencia

El último informe del Ministerio del Interior sobre los delitos de odio a la comunidad LGTBI, de 2018, contabilizó 259. Un informe que recoge únicamente las denuncias formales, por lo que la cifra real es mucho mayor, ya que muchas víctimas no se atreven a denunciar en comisaría. De hecho, la FELGTB (Federación, Estatal de Lesbianas Gais, Trans y Bisexuales) contabilizó ese mismo año 971 agresiones utilizando sus propias fuentes.

 Nuestra sociedad tiene aún un grande reto por delante para erradicar la violencia LGTBIfóbica. Hemos de exigir a las instituciones que se pongan a trabajar con firmeza en esa dirección y poniendo todos los recursos que sean necesarios para lograrlos.

 Necesitamos formación específica para los cuerpos y fuerzas de seguridad, para las personas profesioonales de la salud, para quienes trabajan e nla administración de justicia y profesionales de la judicatura. Es fundamental para que las personas LGTBI no tengan que enfrentarse a más violencias en estos procesos.

Sobran motivos

Ekain y Kevin son un ejemplo a seguir. Han sacado las fuerzas necesarias para hacer público lo ocurrido y, así, intentar evitar que otras personas pasen por su misma situación. Pero también las personas que les han ayudado en este proceso y los cientos de personas que acudieron a la manifestación de repulsa, porque, como sociedad, tenemos la responsabilidad de señalar y denunciar las actitudes LGTBIfóbicas. Y cuando hablo de actitudes LGTBIfóbicas, no me ciño exclusivamente a las agresiones y a quienes las ejercen, sino también a la pasividad de las personas ante las actitudes violentas.

Sin olvidar que estamos en junio, mes del Orgullo LGTBI. Esa fecha tan cuestionada por el heteropatriarcado, que ataca y trata de ridiculizar a las personas LGTBI con frases estúpidas como “por qué no hay un día del Orgullo Hetero”. La respuesta es sencilla: porque nadie les da de hostias, les ridiculiza ni les invisibiliza por el simple hecho de ser heterosexuales.